En esta ocasión también tuvimos que inventar un cuento pero con una serie
de “reglas”. La organización del cuento debía de estar formada por un inicio,
una crisis y una solución. En el cuento debía de aparecer un protagonista, un
enemigo y un aliado. La manera de empezar tenía que ser: “Érase una vez…” y la de
terminar “y vivieron felices y contentos”. Los personajes tenían que ser
enfocados de la siguiente manera: la madre tenía que ser buena; la madrastra o
bruja tenía que ser mala; el protagonista
tenía que tener buenos sentimientos y el antagonista malos sentimientos.
El cuento tenía que comenzar con algunas de las frases que siguen:
- Érase una vez un príncipe al que le gustaba mucho ir a caminar por el bosque…
- Érase una vez un príncipe que se quería casar con una princesa de un reino vecino, que era muy bella y muy buena…
- Érase una vez un rey que era muy valiente y que gobernaba su reino con justicia...
Érase una
vez un príncipe al que le gustaba mucho ir a caminar por el bosque. Un día, en
su paseo matutino, como hacia todos los días se encontró con una bella chica
que estaba lavando la ropa en el rio. Ella era una chica pobre y lavaba la ropa
para ayudar a su familia, su madres trabajaba en el campo y su padre estaba
enfermo. Tenía dos hermanos más pequeños de 2 años por lo que ella se tenía que
encargar de las tareas de la casa y de sus hermanos. Aquel día, cuando el príncipe
la vio se quedó fascina con la belleza de la chica y la saludó:
-
¡Hola, bella chica! dijo el príncipe
-
¡Hola! con voz tímida dijo la chica
-
¿Cómo te llamas? ¿y qué haces aquí? le dijo el príncipe
-
Me llamo Luna, y estoy lavando la ropa de mis hermanos
pequeños – dijo Luna entre nervios
-
¡Ah, vale! Que chica tan trabajadora. Bueno tengo que irme,
espero verte otro día – dijo el príncipe.
Pasaron varios
días en los cuales el príncipe había ido al rio para ver a Luna, pero ninguno
de estos días la encontrar
Un día, después
de las búsquedas sin encontrarla decidió visitar el pueblo que había al otro
lado del rio para buscar a Luna.
Preguntó a la gente
que había en la plaza peor como solo sabia el nombre la gente no sabía quién podía
ser.
También fue a preguntarle
al alcalde, en la panadería, en la frutería… pero nadie sabía decirle al príncipe
donde estaba Luna.
Al caer la noche, después
de todo el día de búsqueda y sin éxito, se encontró con el cura del pueblo y
este le dijo qué había pasado con Luna.
- Luna se tuvo que ir de aquí - dijo el cura
- ¿y eso? ¿Por qué? – preguntó ansioso el príncipe.
- Pues… su padre murió y ella, su madre y sus hermanos se trasladaron a la cuidad, para buscar un mejor trabajo- afirmo el cura
- Entonces… ¿Dónde puedo encontrarla ahora?- preguntó el príncipe
- No sé decirte, sé que se fueron a Granada peor no sé donde viven – dijo el cura.
El príncipe, al
escuchar aquello, cogió su caballo y se dirigió a palacio y ordenó que le
prepararan el coche de caballos porque se una en ese mismo momento. Su madre le
ordenó que no se fuera, que era chica pobre y sin recurso y que no tendría futuro
bueno con ella. Él insistía que quería ir y que nade le iba a detener. El padre
escucho todo aquello y convención a la madre para que el príncipe pudiera ir a
buscar a esa chica. Después de muchas discusiones entre la madre, el príncipe y
el padre, la madre accedió a que su hijo viajara a Granada a buscar a Luna. Colorín
colorado este cuento se ha acabado.

